Yamanas o Yaghanes

Estos nómades canoeros ocuparon desde la margen norte del canal Beagle hasta el Cabo de Hornos. Se han encontrado restos arqueológicos en la Isla de los Estados y se especula que han navegado hasta las lejanas islas Diego Ramírez. La ocupación en el Beagle data desde el 4.000 A. de C. aproximadamente.

Esta cultura, con gran dominio de los recursos marítimos, una dieta bien adaptada y una embarcación realizada inteligentemente con las precarias herramientas que disponían y con los elementos que le brindaba la naturaleza hizo su irrupción aproximadamente para esa fecha.

Quienes serían los antecesores de estos pueblos canoeros , es una pregunta difícil de responder si no se quiere caer en la total imaginación.

A los "Yamanas" se los puede dividir en cuatro grupos al presentar dialectos distintos, pero todos ellos guardan patrones culturales similares. Estos fueguinos fueron los más estudiados a lo largo del tiempo ya que entre ellos se centró la actividad de los misioneros anglicanos y luego fueron descriptos sumamente bien por el padre Martín Gusinde.
También despertaron la atención de los europeos por los comentarios del naturalista Carlos Darwin que se refirió a ellos como "seres infrahumanos, sin vida espiritual" o como afirmó Darapsky: "la raza más ínfima del género humano".


Uno de los aspectos por los que mas llamaron la atención era que prácticamente vivían desnudos, algunos usaban un cubresexo y en ocasiones portaban un cuero de lobo marino puesto sobre el cuerpo cubriendo el lado de donde provenía el viento. Se desplazaban en forma bastante continua con su canoa de un punto a otro trasladando a toda la familia, perro, utensilios, armas, algo de comida e incluso el fuego en el centro de la canoa. Este era cuidado en extremo dado que no era seguro poder prender nuevamente un fuego en el nuevo emplazamiento de su choza si encontraban la madera mojada. Algunos autores sostienen que llevaban el fuego para calentarse mientras navegaban y para comer algún bocado; muestra a las claras que los que escribieron eso poco conocen de náutica.

Su contextura física los hacía muy diferentes a los Selk'nam (sus vecinos del norte) y si bien eran fuertes y de gran musculatura su estatura no pasaba los 1,60 metros, en el caso de los varones, y sus piernas eran algo endebles en comparación del resto del cuerpo. Todo esto les daba un aspecto desequilibrado a los ojos del europeo, y, en sí, les asemejaba más a la forma de un mono desarrollado que a un hombre.

Poseían arco y flecha pera para la caza que ellos realizaban les rendía mayor utilidad el arpón. Tanto para la caza de lobos marinos, con punta desmontable unida por un tiento, como para la caza de guanacos que consistían en arpones de punta fija. También usaban simples garrotes para la caza de pingüinos y lobos marinos en la costa. Usaban hondas y lazos para la captura de aves. La pesca la realizaban con una línea, desprovista de anzuelo, y cebo en el extremo. El pez que mordía era rápidamente extraído del agua de un tirón y tomado con la mano.

Para extraer centollas y bivalvos tenían largas horquillas de dos y tres puntas y desde la canoa se dedicaban a esta tarea. La diferencia de mareas y la costa rocosa hacen de la recolección de mariscos una tarea sencilla.
La frágil y simple canoa para los ojos de un desentendido en la materia puede semejar a un canasto lleno de ramas o pensar que se trataba de un armazón revestido con corteza. No hay nada más lejano a la realidad. En un trabajo realizado en 1989 donde reconstruimos en base a datos etno-históricos la primera reconstrucción de una canoa de corteza Yamana, las conclusiones a las que arribamos, luego de construir la canoa y navegarla fueron muy diferentes. Se tomó como base una descripción del famoso navegante Weddell dejando de lado apreciaciones de inexpertos en la materia como Darwin o en general los que no eran marinos. Gracias a ellos pudimos reconstruir una embarcación que si bien comienza con un tipo de construcción "fuera-dentro" (primero la corteza y luego el armazón), las ramas y estructura que se coloca dentro le confieren a la embarcación una gran solidez con la virtud de poder absorber golpes bruscos.

Si bien es cierto que la corteza es frágil, el tratamiento por ellos dado la comparan al mejor terciado marino brindado por la naturaleza. Su calafateo con algas, musgos, arcilla e inclusive grasa, hace que las costuras sean prácticamente impermeables. La barba de ballena y el cuero de lobo marino en tientos solucionaban sus problemas de costura y las trenzas de juncos reemplazaban a los cabos , tanto para fondear como para amarrar cerca de la costa sobre las algas.

Su remo en forma de espadilla es perfecto para remar sobre los grandes bancos de algas (cachi yuyos) que rodean la costa o estén en los bajo fondos. En sí las pruebas realizadas demostraron que la navegación sobre estas algas era perfecta, deslizándose la canoa sobre aguas tranquilas y dándole al remo un mayor empuje sin que se enganche dada su forma. Las velocidades que alcanzamos fue de 5/7 nudos y nos fue imposible avanzar con viento en contra. Con viento a un largo, de popa o de través, soplo se necesitaba remar de un lado con remadas muy espaciadas dejando la espadilla como timón. Esto produce una navegación serena con altas posibilidades de acercarse a presas en el agua.

Sin ánimo de cansar al lector podemos afirmar que no se trataba de una simple canoa sino de la mejor embarcación que se pudo haber construido sin conocer el metal y empleando los elementos dados por la naturaleza. Las canoas monóxilas, de tablas y balsas, construidas con la introducción del hacha por el europeo, lejos de ser un adelanto, constituyó en las primeras muestras visibles de la decadencia de un pueblo. Diferente fue la situación con sus vecinos "Halakwulup" que comenzaron a emplear la canoa de tablas, como en la tradición de los chonos.

En nuestro caso se dejó el Know-How en Ushuaia para que luego estudiantes de colegios secundarios , guiados por una artesana que colaboró con nosotros, construyeran una segunda canoa y esperamos que le sigan otras para poder llegar a entender más a un pueblo desaparecido y el recupero de una tradición olvidada.
En cuanto a su forma de vida, era común que se casen jóvenes y en ese momento de adquirir la independencia construían su primer canoa, ayudados por el resto del grupo familiar, del tamaño de sus necesidades. A medida que la familia se engrosaba, sea por hijos o por una segunda esposa la canoa se construía de mayor tamaño. En cuanto a la vida familiar era normal la bigamia e inclusive la poligamia. Muchas veces se trataba de una parienta viuda o la hermana de la esposa o una mujer mayor la que prestaba sabios consejos.

Con hábitos nómades solían reunirse dos o tres familias y en ciertas ocasiones, como el varamiento de una ballena, varias mas pero esto era solo circunstancial. Las casas de ramas y palos se construían rápidamente y tomaban una forma cónica o abovedado. Tapaban las mayores entradas de viento con cueros y trozos de corteza. Al cabo de unos días, cuando la montaña de deshechos era grande, la abandonaban. La naturaleza se encargaba de degradar los restos de alimentos, y la choza estaba apta para una nueva ocupación. Estos sitios fueron llamados concheros dado que desde la puerta de las chozas o debajo de los voladizos de los acantilados se acumulaban un gran número de cáscaras de cholgas y mejillones que consumían como dieta complementaria. Fue debido a estas altas concentraciones de valvas que en un primer momento se pensó que solamente consumían mariscos.
Los Yamanas contaban con "shamanes" (médicos-hechiceros) con dotes sobrenaturales. Podían controlar el clima, hablar con los espíritus, curar, matar, conseguir comida , en definitiva el control del bien y del mal en la eterna dualidad de los "shamanes"; eran buenos y malos según el momento. Se alcanzaba ese grado según la edad y el prestigio era muy importante.

Tenían distintas ceremonias siendo las principales la del "shiehaus", que debían pasar los adolescentes de ambos sexos para ser adultos, y el "kina" reservado a los varones, donde luego recién eran considerados hombres. Los cantos eran monótonos y las danzas también.
Se adornaban con collares y usaban pintura roja, blanca y negra, según las ocasiones. Todos estos puntos tenían importantes significados simbólicos.
Cuando alguien moría era enterrado o quemado e inmediatamente se abandonaba el lugar y no se lo volvía a nombrar. No han sido comprobados casos de antropofagia pero si se sabe que el zorro no era consumido por ser un devorador de carroña, inclusive desenterraba a los muertos.

Las peleas con otros grupos dialectales existían y funcionaba la venganza si algún miembro de la familia era herido o muerto por extraños; ésta podía estar pendiente por mucho tiempo hasta que se lograba cumplir.
Es interesante ver los censos del pueblo Yamana: Según Thomas Bridges en 1884 había contabilizado unos 1.000 indios de los cuales 213 eran hombres, 314 mujeres y 413 niños. Esto incluye a toda la región y estimó, a su vez, que la población total para mediados de siglo podría haber sido de unos 3.000 habitantes. Las epidemias comenzaron con el asentamiento de los primeros europeos mucho antes de 1884.
Más interesante es la cifra que da para pocos meses después que, luego de una epidemia de sarampión entre octubre y diciembre de 1884, muere la mitad. Para 1886 el censo realizado por Bridges es de 397 personas. Este es uno de los motivos por los cuales decide dejar de actuar como misionero.

En 1897 se realiza un censo en la Municipalidad de Ushuaia que arroja el número de 110. Para el Reverendo Lawrence el número no sobrepasa los 100 en 1913. El padre Gusinde estimó la población en 50 para 1945 y nuestro Censo Indígena de 1966, da la cifra de "2". Los motivos pueden ser muchos, pero la conclusión una sola: la total incompatibilidad del Yamana con la "civilización" europea.
Lo que casi no se da en ninguna región del mundo hoy se puede hallar en Tierra del Fuego: lugares deshabitados que, ocupados por los primitivos fueguinos fueron desalojados por los europeos para luego abandonarlos al no poder adaptarse a ellos. Casos como el de Península Mitre y cientos de islas desiertas con restos arqueológicos a flor de tierra, nos muestran claramente que ellos sí sabían como vivir en ellos.

 

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