UN CRUCERO ATRAPADO EN LA ANTARTIDA
 
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EL CLIPPER ADVENTURER QUEDÓ ENCERRADO EN UNA MASA HELADA; HABIA ZARPADO DE USHUAIA CON 176 PERSONAS

Para los 105 turistas oriundos de los Estados Unidos, Brasil, Suiza, Israel y Canadá, la ansiada y costosa visita a la Antártida argentina debía ser sencillamente un viaje de placer en un crucero de lujo.

Pero la naturaleza tendió una trampa al Clipper Adventurer, el barco, operado por la agencia norteamericana Tauck Tours que los transportaba, quedó encerrado en una masa de hielo durante su aproximación a la península antártica.

No había salida posible. Si los tripulantes intentaban una maniobra para liberarse, el sistema propulsor del buque podía resultar dañado. "Una situación de la que no hay retorno, mucho menos en esos helados mares", según navegantes expertos.

El Adventurer,perteneciente a la flota de la también norteamericana empresa Clipper Cruise Line, estaba atrapado con 176 personas en el estrecho de Matha, entre las islas Belgrano y Liard, al oeste de la península.

Las coordenadas eran claras, tanto como el paisaje que los 105 pasajeros y los 71 tripulantes observaban desde la cubierta. El crucero se hallaba en medio de la nada, en pleno mar de Belinghausen, 1400 kilómetros al sur de la ciudad de Ushuaia, de donde habían zarpado.

Al silencio que inundaba el ambiente se sumó la obligada quietud del barco. Un comienzo de jornada poco alentador. Efectivamente, acababa de despuntar el día. Y la decisión llegó rápido. "El barco podría haber intentado salir por sus propios medios. Pero la tripulación creyó que sería más seguro llamar al rompehielos", explicó a La Nación Liz McQuinn, directora de Relaciones Públicas de Clipper Cruise Line.

El Irizar, en camino

A las 8, el rompehielos de la Armada Argentina Almirante Irizar recibió un pedido de asistencia marítima al que no tardó en responder. El Adventurer había hecho contacto con la base norteamericana Palmer, que retransmitió el mensaje.

"El Comando de Operaciones Navales, en Puerto Belgrano, ordenó al Irizar que abandonara sus tareas de abastecimiento en la base argentina Almirante Brown y ayudara al crucero", relataron voceros de la Armada.


Al mando del capitán de navío Marcelo Genne, el buque emprendió el recorrido de 250 kilómetros que lo separaban del Clipper. Por suerte, las condiciones meteorológicas colaboraron para acelerar los tiempos de rescate.

"Aunque no es exactamente un rescate. Tenemos encargada una asistencia marítima. Pudimos ver el barco a las 17.30. Sobrevolamos en helicóptero y vimos que los pasajeros y la nave están a salvo. Sobre la medianoche iniciaremos las tareas", relató a La Nación , desde el Irizar, el capitán Genne.
El marino no pudo asegurar, en cambio, si -una vez despejado el camino- el Clipper Adventurer sería capaz de navegar solo hacia aguas limpias o necesitaría remolque.

Habían pasado las 20 y, mientras tanto, desde Estados Unidos se emitían mensajes positivos. Como para que nadie pensara en la tragedia del Titanic. "Todos están fuera de peligro. Y se cumplen las condiciones de seguridad. La nave inició estas excursiones en 1998, luego de ser remodelada ese año. Pero recorrió la Antártida desde muchos años antes, bajo el nombre de Alla Tarasova", dijo a La Nación Phil Ottirson, de Tauck Tours, con sede en Connecticut.

También McQuinn puso su cuota de esperanza. "No hay pasajeros en peligro ni daños en el buque. Y la tripulación nos informó que allí es un bonito día soleado. El hielo pronto será removido y el crucero continuará su viaje", señaló.

No merecían menos los 97 norteamericanos, los tres brasileños, los dos suizos, los dos israelíes y el canadiense que viajan en el Clipper Adventurer. El contingente había salido del puerto de Ushuaia tres noches antes con la promesa de disfrutar -como promociona la compañía en Internet- de "imágenes de hielo, mar, tierra y cielo unidas en un singular retrato de belleza espectacular".

Y de un sol que "no se oculta del todo". Un elemento que, más allá del folleto turístico, ayudaría al éxito del rescate.

A las 22.30 el Irizar pudo iniciar su acercamiento final al crucero atascado. Se acercó por una de las bandas laterales y, en su paso, comenzó a abrir una vía de navegación sobre el manto helado.

La idea es completar la rotura del hielo que rodea el crucero de modo de facilitarle suficiente espacio como para que intente operar otra vez con sus propios motores.


"Según lo duro que esté el hielo, trabajaremos entre 10 y 12 horas para abrir el canal", dijo el comandante Genne desde el puente de mando del Irizar.


Angeles Castro
LA NACION | 01/02/2000 | Página | Inf. General