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Naufragios
Monte Cervantes

Miercoles 18 de octubre de 2000
El rescate de un buque hundido en 1954: se fue a pique con 1500 personas a bordo
Encontraron el casco del Monte Cervantes

> Documentalistas alemanes filmarán su posición actual.
> Con un robot a control remoto tomarán imágenes del barco que realizaba cruceros a Tierra del Fuego
> Un buzo fueguino señaló el lugar exacto donde ocurrió el naufragio

USHUAIA.- Un equipo de documentalistas alemanes, ayudado por un experimentado buzo fueguino y un robot que puede sumergirse hasta los 300 metros de profundidad descubrieron ayer el casco de acero del buque de pasajeros Monte Cervantes, hundido en el canal de Beagle a 138 metros de la superficie.

La mole de hierro, de 160 metros de largo por 20 de ancho, no recibe los rayos del sol desde las 15.12 del 7 de octubre de 1954, cuando se hundió definitivamente en el canal tras un intento fallido por sacarlo de la varadura en la que estaba desde el 22 de enero de 1930.

Es la primera vez que el casco del Cervantes es filmado y la primera vez que es alcanzado por un ser humano desde el día del hundimiento.

Dos buzos cargados con 180 kilos de equipo cada uno, bajarán hoy para tocar los restos del gran buque, a una profundidad donde los rayos solares no llegan y la temperatura del agua baja hasta los dos grados centígrados.

Diez minutos de gloria

Los buzos permanecerán sólo 10 minutos sobre la "panza" del pecio, pero emplearán 171 minutos para regresar a la superficie, debido a las etapas de descompresión que deberán realizar en el camino.

La maniobra fue cuidadosamente estudiada por el productor Karl Vandenhole, al punto que los buzos alemanes Jens Höner y Olaf Goetsch ya saben que deberán permanecer 3 minutos a los 70 metros y, luego de varias paradas, se quedarán amarrados a un cabo durante 80 minutos, a 6 metros de la superficie del agua.

Como el oxígeno se enrarece pasando los 90 metros de profundidad, los buzos respirarán dos tipos de mezcla de gases, el trimix, formado por helio, oxígeno y nitrógeno, y el nitrox, compuesto de oxígeno y nitrógeno.

La protección térmica de los buceadores consiste en un traje seco de espesor incompresible que lleva adosado un tanque similar a un matafuegos de automóvil, cargado con gas argón.

El gas se libera adentro del traje y forma una aislación térmica que, ayudada por la ropa interior eléctrica, evitará que los buzos mueran congelados.

Los alemanes pertenecen a la productora alemana Greenscreen, de Hamburgo. No es casualidad que sea ésta la misma ciudad donde fue construido y botado el barco de pasajeros Monte Cervantes en 1927, por los astilleros Blohm y Voss, que invertirá unos 300.000 dólares en la producción de un documental basado en los barcos hundidos en el cabo de Hornos.

El bloque dedicado al barco de pasajeros, que explotaba la compañía Hamburgo Sud-Americana para realizar cruceros a la Tierra del Fuego, es la única excepción del trabajo.

El realizador Mattmias Kopfmüller y el director Marc Brasse acordaron incluir al Monte Cervantes, hundido a 800 metros de Ushuaia, por un "sentido de pertenencia con la empresa" propietaria de la embarcación.

La clave para que los documentalistas dieran con el barco fue el buzo fueguino Héctor Monsalve, que conocía de antemano la posición del Monte Cervantes.

Monsalve sorprendió a todos ayer cuando señaló el lugar donde debían sumergir el robot, que en realidad es un equipo ROV (Remote Operated Vehicle), que transporta una filmadora y un equipo de iluminación, y se desplaza por la acción de tres motores eléctricos de propulsión.

A control remoto

El ROV se maneja por control remoto desde cubierta y la cámara proyecta en vivo, en un monitor, las imágenes que va registrando.

La Nación accedió al momento decisivo de la filmación. Es notable ver cómo, a poco de tocar fondo, el vehículo se abre paso entre el material en suspensión del agua, hasta que el fondo aparece liso y redondeado. Entonces el ROV se detiene bruscamente y retrocede hasta dejar en primer plano un ojo de buey rodeado de grandes almejas, coral blando y luego aparecen brótolas y centollas habitando los recovecos oxidados de la perdida embarcación.

"La forma en que apareció el casco en la pantalla fue tan de golpe que me impresionó, es la primera vez que pude verle la cara después de buscarlo, encontrarlo con un sonar y desearlo durante 20 años", confió "el baquiano" Monsalve.

El documental será proyectado en el programa "Spiegel TV", la versión televisiva de la afamada revista Der Spiegel, que se emite por el canal ZDF, el segundo en importancia en Alemania.


Lleva 46 años en el fondo del mar

El Monte Cervantes era buque insignia de la Hamburg Südamerikanische Dampfsciffarts Gesselleschaft. Navegaba a 16 nudos, tenía seis pisos con camarotes, cuatro motores y 20 botes salvavidas.

En el último viaje que realizó a Tierra del Fuego, el buque zarpó el 29 de noviembre de 1929 del puerto de Hamburgo y amarró en Ushuaia el 21 de enero del año siguiente, con 1200 pasajeros y 300 tripulantes.

Al emprender el regreso, al día siguiente, el barco chocó contra una piedra sumergida en el archipiélago Les Eclaireurs, situado a una hora de navegación de Ushuaia y, antes de que se fuera a pique, el capitán Teodoro Dreyer, único muerto en la tragedia, ordenó retroceder "a toda máquina" para montar el barco en el islote, donde permaneció 24 años.

Los 800 habitantes que había en Ushuaia en 1930 albergaron a los náufragos, que duplicaban a la población del lugar. Se alojaron en viviendas particulares, en la iglesia, la escuela y hasta los presos de la antigua Cárcel de Reincidentes colaboraron en el rescate de los náufragos.

En 1954, la empresa Salvamar intentó llevar el barco hasta la costa de Ushuaia para desguazarlo. Los obreros cortaron los últimos tres pisos de camarotes, que fueron encontrados el año último, a 40 metros de profundidad, y luego de poner el barco "cabeza abajo" comenzaron a transportarlo hacia la costa. Pero la maniobra fracasó a los 20 minutos de iniciada, el barco se fue a pique y nadie volvió a ver su casco hasta ayer.

Silvio Bocchicchio

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Jueves 19 de octubre de 2000

En Ushuaia: aumenta la expectativa sobre el buque Monte Cervantes, que naufragó hace 46 años
El frío postergó el rescate del barco hundido

La gran profundidad, la cantidad de equipos que deberán cargar los buzos y la baja temperatura dificultaron las tareas

El grupo que trabaja en el hallazgo aprovechó ayer el día para ajustar detalles de la maniobra
El buzo fueguino Héctor Monsalve sorprendió a los alemanes con sus habilidades

Imagen del buque que tratan de rescatar
Foto: Fotos Gentileza de los expedicionarios
Los buzos prepararon los tanques que emplearán para sumergirse
Foto: Fotos Gentileza de los expedicionarios

 

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Sobrevivió para contar su historia

USHUAIA.- Las malas condiciones meteorológicas imperantes en el canal de Beagle obligaron a los dos buzos que iban a descender ayer sobre el casco del buque turístico Monte Cervantes, hundido desde 1954 a 138 metros de profundidad, a postergar la inmersión para mañana.
La gran profundidad, la mezcla de gases que deben respirar los buzos, los 180 kilogramos de equipo que transporta cada uno, la baja temperatura del agua y la nula visibilidad, hacen que la maniobra dependa de una delicada combinación de variables físicas, tecnológicas y climáticas.

"Cuando una de ellas falla, la precaución indica el siguiente paso", se lamentaron a bordo del barco La Fueguina, que sirve de apoyo al equipo de documentalistas alemanes que obtuvo ayer la segunda hora de video sobre los restos del crucero.

Mientras aumenta la expectativa en torno de la posibilidad de que un buzo toque por primera vez después de 46 años el casco del "Titanic argentino", el grupo que trabaja en el hallazgo aprovechó la jornada de ayer para ajustar detalles relacionados con el manejo de equipos.

El buzo fueguino Héctor Monsalve, que conocía con anterioridad la ubicación del casco de acero, pero no había podido acceder a él, volvió a sorprender ayer al grupo de documentalistas de la productora de Hamburgo, Greenscreen.

Monsalve condujo el grupo hasta la zona del hundimiento, ubicada a nueve millas náuticas de Ushuaia, chequeó las coordcenadas y señaló en el agua el punto por donde debía caer el "muerto", un peso que al tocar fondo se convierte en el pivote de la expedición y en la guía para el ascenso y el descenso de los buzos.

"El muerto rebotó sobre el casco y se deslizó hasta quedar a 50 centímetros de la estructura", se enorgulleció Monsalve dispuesto a disfrutar la botella de champagne que le ganó al productor Karl Vandenhole en una apuesta a su puntería de baquiano.

El respeto de las etapas de descompresión en un buceo planificado, con mezcla de gases como el que deberán realizar los buzos mañana, es crucial para la sobrevivencia porque van eliminando los gases que acumula el torrente sanguíneo debido a la presión que ejerce el agua sobre el organismo.

Los buzos llevarán sobre sus espaldas cuatro tanques de 20 litros cada uno que, llenos, pesan unos 35 kilos. Pero deberán utilizar otros botellones durante las etapas de descompresión.

Respirarán dos compuestos de gases, denominados trimix y nitrox, pero dosificados en cinco proporciones diferentes que se suministran electrónicamente.

Para los buzos profesionales, el cálculo de gases y etapas de descompresión tiene un valor similar a la fórmula de la Coca Cola. Difícilmente proporcionen los datos con lujo de detalles.

Mientras los buzos convertían el mal tiempo en ejercicio de preparación, el robot manejado por control remoto desde la cubierta del buque de apoyo, volvió a recorrer el casco del Monte Cervantes hasta lograr una hora de imágenes hasta el momento desconocidas en el mundo.

Por Silvio Bocchicchio
Corresponsal en Ushuaia

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Perfil
La pasión de un buzo

Héctor Monsalve y sus aventuras

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"El buceo es una pasión. Supongo que debe ser como al que le gusta la música. Yo veo algo nuevo y me tiro al agua, por más que esté recién salido de una inmersión", asegura el buzo profesional Héctor Elías Monsalve, dueño del descubrimiento del Monte Cervantes.
Pero también es responsable del hallazgo de los restos del avión Lear Jet de la gobernación fueguina que se estrelló en mayo de 1984, en las aguas del Beagle, en medio de una tormenta de viento y nieve, accidente en el que perdió la vida el entonces gobernador Ramón Trejo Noel.

Al día siguiente de la tragedia en la que perdió la vida el funcionario designado por el ex presidente Raúl Alfonsín y parte del gabinete fueguino, Monsalve se zambulló en las heladas aguas del canal y en 15 días de búsqueda, siempre azotado por la tormenta, encontró el lugar preciso, a 30 metros de profundidad, y le pasó la posta a la Armada, que luego relevó el lugar para realizar el rescate.

Monsalve nació en el barrio porteño de Once, en mayo de 1951, se recibió de licenciado en Comercio Exterior en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), pero nunca ejerció. Y en 1975, siendo ya buzo profesional, se casó y viajó a Venezuela, donde trabajó para una empresa que entonces prestaba servicios a una petrolera.

Guía y fotógrafo

Llegó a Ushuaia en 1976, donde comenzó a trabajar como buzo marisquero, recorriendo el Beagle con un barco propio llamado Tres Marías, que luego adaptó para el turismo, actividad a la que se dedica en la actualidad.

Monsalve fue guía de Jacques Cousteau en 1986. También es fotógrafo submarino y, como documentalista, ganó un premio del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) al video educativo con un trabajo sobre la flora y fauna submarina del canal de Beagle.

De 49 años, con tres hijas, y un bigote tupido que lo caracteriza desde hace tiempo, el espíritu aventurero de Monsalve centellea detrás de sus ojos celestes cuando cuenta historias del Beagle.

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Sobrevivió para contar su historia

Tenía 15 años y viajaba con su familia en la nave accidentada
Estaba en la cubierta, mirando la costa en la tarde del 22 de enero de 1930, cuando el crucero encalló
La única víctima fue el capitán, que se hundió con la nave

María Esther Sánchez de Gilla
Foto: Mariana Araujo

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Pasaron más de 70 años, pero el recuerdo del naufragio vuelve a emocionarla. El barco Monte Cervantes partía de Ushuaia y María Esther Sánchez de Gilla miraba la costa desde la cubierta.
Eran las dos de la tarde del 22 de enero de 1930 y recién terminaba el almuerzo. De repente, un impacto, el caos de objetos, pedazos de barco que se deslizaban por la cubierta y mucho humo. "Fue una situación de pánico, cuando vimos la humareda pensamos que podía ser un incendio", recordó María Esther.

Tenía 15 años y hacía 10 días había partido de Buenos Aires para disfrutar de un crucero de lujo con su familia. Un día antes de llegar a Ushuaia, los 1200 pasajeros estuvieron en Punta Arena y recorrieron los canales fueguinos. Allí, un hombre dio una charla sobre los varios naufragios ocurridos en esa ruta marítima. "Pero con este barco tan espléndido es imposible que ocurra algo", contó María Esther que había dicho aquel hombre. Habían pasado 18 años desde la tragedia del Titanic y el recuerdo era inevitable. Aquella tarde, la orquesta tocaba "La chica del 17" y los padres y la abuela charlaban en la mesa de uno de los dos comedores del gigante de seis pisos. El accidente fue repentino, pero un simulacro realizado unos días antes pudo evitar que el pánico obstaculizara el salvamento.

"Yo estaba con mi hermana en la cubierta, lejos de mis padres, pero sabía cuál era mi bote. Después del choque nos encontramos con todos", explicó la mujer de 86 años.

El Monte Cervantes quedó escorado sobre unas rocas. De a uno y con un poco de esfuerzo, todos los pasajeros y los 350 tripulantes saltaron a los 12 botes, que empezaron a alejarse hacia la costa. En el navío en el que estaba la familia Sánchez, un hombre recomendó que no se acercaran a la costa porque las rocas podrían romper la embarcación.

"Los tripulantes se negaban a aceptar la recomendación. En ese momento, mi padre y su amigo sacaron las armas y discutieron con ellos", relató María Esther, orgullosa de la decisión que evitó un segundo naufragio como el que sufrieron varios de los botes salvavidas.

Pocos metros los separaban de la costa, pero pasaron varias horas hasta que pudieron llegar a tierra. Alrededor de las cuatro de la mañana, 14 horas después del accidente, el barco Monte Sarmiento, los rescató.

Theodor Grey, el capitán, fue el único que no quiso ser salvado. "Ayudó hasta al último tripulante, pero no quiso subirse a un bote. Le hacían señas y después volvieron a buscarlo, pero no hubo manera de convencerlo", explicó María Esther, aunque sin entender por qué.

Grey era alemán y fue la única víctima del naufragio del Monte Cervantes. Se cree que se suicidó para cumplir con el mandato de todo capitán: hundirse con su barco.

Paula Bistagnino

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