Museo Antártico Ushuaia Dr. José María Sobral

Colección

Expedición a la Antártida

"Velero Callas enero 1994"

Crucero al Continente Blanco

Esta travesía realizada a bordo del Velero "Callas" de propiedad de Jorge Luis Trabuchi, fue realizada entre enero y febrero de 1994. El relato fue publicado por la Revista Barcos y tiene en especial su valor testimonial de ese momento, lo cual quiere decir que muchas cosas han cambiado y no se reflejan en el presente trabajo.

En una de las guardias, cruzando el Pasaje Drake con dirección a las islas Shetland del Sur, me preguntaba, entre otras cosas, "Cómo había empezado todo esto?" . La situación no era de las más agradables: uno de los tripulantes y gran amigo con el cual pasamos cientos de peripecias juntos, estaba desde hace un par de días en la cucheta en una situación a la que los que navegan llaman "muerto", es decir: no apto para nada. Otro de los duros, de aquellos que nunca se descomponen, decía: "El Drake me hizo perder la virginidad; es la primera vez que vomito." A todo esto, durante la mañana, el timonel de guardia no tuvo tiempo de largar la rueda del timón y dejó todo adornado con la última comida ingerida. Por suerte siguió timoneando como tal cosa, mientras limpiaba el instrumental. Se notaba que tenía experiencia en aventuras de todo tipo, algunas de ellas verdaderas proezas que ponen a prueba el temple de una persona, como ser doblar el Cabo de Hornos en kayak.
Así es como sentado a la mesa, con un plato de comida sobre una carpeta antideslizante, me constituí en el único de a bordo que se presentó a cenar. Situación un tanto deprimente si además se es el cocinero y veía como el trabajo de hacer carne a la cacerola, tratando de mantener el equilibrio y no lastimarme en cualquiera de los bandazos, iba a terminar de alimento a los peces.
Me faltaba una hora para tomar la guardia al timón. Por suerte esto se hacía en el interior del barco dado que cuenta con una excelente timonera cubierta.
Mirando desde la timonera al exterior veíamos como un cielo gris se unía a lo lejos, en una indefinida línea del horizonte, con un plomizo mar cubierto de olas y espuma blanca.
Los rociones de agua helada llegaban hasta la popa. Las olas sin ser muy grandes se acercaban casi de través al barco. La cresta rompiente me hacía abrir los ojos y mirar con gran expectativa mientras pensaba: "¿Romperá arriba del barco o será capaz de subir hasta la cresta?. Así, pendientes de que 18 toneladas suban lo suficiente, se sentía un suave cachetazo que indicaba que todo había pasado. A eso le seguía un profundo rolido y, luego de la correspondiente zaranda, había que compensar con el timón y nuevamente fijábamos la vista al horizonte para buscar otra ola. Si, es el clásico momento en que todo navegante se pregunta "¿Qué hago aquí? ¿Cómo y en que momento se me ocurrió meterme en esto? ".
Todo esto comenzó concretamente cuando una noche, después de una regia cena con abundante vino en los "ventisqueros chilenos" (Publicada en Barcos No. 189-190-191-192), Jorge Trabuchi dijo: "Y la próxima navegación va a ser entre los hielos de la Antartida". Inmediatamente levantamos las copas y brindamos afirmando que hasta la Antartida nadie nos iba a parar. En esa ocasión estábamos navegando con Eric Trabuchi, de solo 3 años, Cecilia Illa, Danilo Clement y Roberto Rocca. Junto a nosotros, en un Beagle 26, estaba Brunet con los hermanos Ludueña. La noche era espectacular, con hielos y glaciares por todas partes. Habíamos vivido uno de los días más hermosos de nuestras vidas navegando entre los hielos rotos del Glaciar Garibaldi de la Cordillera Darwin. Un par de témpanos grandes nos hicieron imaginar como sería todo eso. Lo único que nos quedaba era ir a sacarnos la duda. Así que allí estaba yo, solo nueve meses después, pariendo semejante brillante idea frente a un plato de carne a la cacerola, junto a una mesa desierta, en una de las cocteleras mas caras que puede haber en el mundo.trabajo.

Excusas o motivos

¿Porqué no? Tal vez esa sería la respuesta correcta o por lo menos la que más me hubiese gustado dar en cada una de las oportunidades que me preguntaron: ¨¿Porqué ir a la Antartida?. Motivaciones pueden haber muchas, todos las teníamos y, en algunos casos, coincidían. Pero si hay algo que es importante dejar en claro es que ninguno de nosotros fue para batir un record, o con el afán de realizar una proeza; aunque si existió el desafío deportivo. Cuando exponíamos el proyecto ante las autoridades navales, gubernamentales y en especial en la Dirección Nacional del Antártico o en el Instituto Antártico, nos miraban como si fuéramos in concientes que queríamos desafiar las leyes de la naturaleza y que por eso nos largábamos a la conquista de la mayor latitud sur a la que pudiéramos llegar en un indefenso velero. Aún luego de regresar, y ya planeando una estada más larga en la Antartida, muchos nos miran como si estuviéramos mentalmente perturbados. Como entusiastas en la navegación por mares australes es algo natural pensar en la Antartida. Recordemos que navegando por el Beagle, el Le Maire, la isla de los Estados, el Cabo de Hornos, las famosas islas perdidas y el Magallanes no hacíamos otra cosa que recorrer la provincia a la cual pertenecemos. Por otra parte descubrimos que, si bien no es sencillo navegar la zona, tiene más de "mito" que de otra cosa. "¿Sería igual ir a la Antartida? Solo sabíamos que mucho se a hablado del Drake, bastante menos se ha escrito, pero las versiones eran por demás diferentes. Algunos hablan de vientos huracanados con olas de 20 metros, cuando otros comentan de suaves brisas y un mar como el aceite. A esto saltaba la clásica pregunta: ¿Cual sería la realidad?. Puras exageraciones o las dos versiones tendrían algo de verdad?. Desde el Club Náutico veíamos, verano tras verano, como veleros franceses y de todas partes del mundo, zarpaban hacia el continente blanco. Volvían, un tiempo después, contando las más insólitas experiencias. Incluso hubo algunos que dejaron el barco abandonado y se tomaron el primer avión para no regresar nunca más. Recuerdo de un solitario que decidió suicidarse con una bengala, otro se cayó del tope del palo y así miles de historias. Pascal, del "Scherzzo", iba año tras año y nos contaba que le encantaba el lugar para tocar el piano que llevaba en la dinette. Cada loco con su raye, pero de argentinos sabíamos muy poco; solo lo relatado por Gustavo Díaz y por Hernán Álvarez Forn que fue el primero en cruzar el Drake y visitar la península con un velero deportivo, de pequeñas dimensiones y equipado sencillamente. Así fue como decidimos, en lo posible, armar una tripulación de "fueguinos" (y/o residentes) que quisieran recorrer parte de su provincia: Provincia de Tierra del Fuego, islas del Atlántico Sur y Antartida; por lo menos as¡ es como se llama. Con el correr del tiempo las pretensiones bajaron y nos conformamos con armar una tripulación "patagónica", con un invitado de Buenos Aires. De esa forma sería el primer velero argentino, con asiento en Ushuaia, que visitara otra parte de su provincia. A eso se le fue sumando otras motivaciones, como la de tratar de re-editar el periplo que hiciera hace 90 años la Corbeta "Uruguay", cosa que solo cumplimos en parte. Mi interés particular era poder palpar "in situ" lo que vivieron balleneros y foqueros del siglo pasado y muy especialmente los lugares que exploró el Dr. Charcot en sus dos invernadas antárticas (1903 y 1908).

Los preparativos

Así comenzamos a buscar información y a completar el equipo del barco. Una de las cosas más importantes que se le agregó fue una computadora AT-286 que además de usarla para los jueguitos clásicos, poseía un MODEM para recibir vía B.L.U. cartas meteorológicas: sinopsis del momento y la pronosticada. Eso nos daba una gran herramienta ya que podíamos ir comparando los movimientos de los centros de baja y el gradiente de las isobaras. El resto del instrumental, incluido el piloto automático "Autohelm", eran los que ya poseía el barco. Una de las reformas importantes realizadas durante al año fue el cambio de ubicación del cabrestante y la caja de cadenas, que de proa pasó a la base del palo. Con ello se logró levantar la proa del barco dado que casi unos 400 Kg. cambiaron de lugar. La proa se la modificó para guardar verduras y estibaje en general. Como ese sector no esta calefaccionado resultó una especie de cámara frigorífica ideal para verduras y frutas. Nos aconsejaron poner un mamparo estanco en proa (anti colisión) , protector de hélice y reforzar la roda y proa en el sector cercano a la línea de flotación (donde los hielos golpearían con mayor violencia). Esos trabajos no se hicieron; personalmente creo que son útiles y si se planea ir a esas latitudes convendría hacerlos. Al barco se le dio una recorrida general, pintura, nodos, y miles de pequeñeces que van surgiendo a medida que uno se pone a trabajar. Vale la pena aclarar que yo participé‚ muy poco en esos preparativos dado que casi no estuve en Ushuaia. Uno de los que más trabajó fue "King George", que lamentablemente no pudo acompañarnos en la travesía.

Consejos: aciertos y desaciertos

Tuvimos varios asesores en esta pequeña aventura. Uno de ellos fue Olleg; se trata de un gran navegante francés, algo excéntrico, profesor de la universidad, que año tras año viaja a la Antartida, 2 o 3 veces en la temporada, llevando turistas junto a su familia. Su barco es una gran biblioteca flotante, posee libros de náutica de todos los tiempos. Fue el responsable de hacernos cuarterones, a mano alzada, de los principales puertos naturales que podíamos utilizar en nuestra excursión. El único consejo que nos dio fue que tuviéramos cuidado de no perdernos cuando saliéramos a caminar dado que la visibilidad desaparece de golpe; también nos indicó que cartas náuticas llevar. Otro fue Jean Paul Bassaget que en una oportunidad navegó bien al sur con su doble proa "Ksar"; siempre muy cordial es interesante escuchar los datos que va dando. Don Pedro Margalot fue un verdadero estratega de las derrotas a seguir y sus consejos fueron por demás acertados. También fue el responsable de indicarnos como obtener toda la ayuda posible de los partes meteorológicos y en especial de la tranquilidad que daba estar comunicados. Durante muchas horas de charlas fui tomando notas y recuerdo haber anotado desde frecuencias a obsequios que debíamos llevar, como así también como seríamos recibidos y a que países enviarles notas avisando de nuestra recalada por la península. Realmente todas las indicaciones fueron de utilidad, aunque en un primer momento tomé algunas como totalmente irrelevantes. Personalmente creo que entre las cosas que más me clarificaron estuvieron el porcentaje de días al año que puede haber una intensidad de viento dada. Es decir, las posibilidades que teníamos de toparnos con una u otra cosa y como valernos de las bases para obtener dicha información. Muchos aspectos fueron ampliados por Skip Novac pero lo cierto que teníamos era: todos sostenían que lo podíamos hacer sin mayores dificultades, que cada cruce es algo particular y lo subjetivo esta presente en un porcentaje muy alto. Los peores consejos los recibimos de oficiales de buques, de pasajeros o rompehielos, sin experiencia en veleros, y de ciertos organismos especializados vaya a saberse en que.

Publicaciones

De la cartografía se encargó un gran amigo y propulsor de la actividad náutica en el sur: Don Héctor Julio Álvarez. En su cargo como Agregado Naval en Londres se ocupó de conseguir las cartas y enviarlas. Usamos muy poca cartografía argentina. Desconfiábamos de ella a partir de lo sucedido al Bahía Paraíso en 1989, pero puedo decir, con total seguridad, que las cartas inglesas están plagadas de errores. Estos son cada vez mayores a medida que se avanza hacia el sur. Un punto muy importante es no olvidar al DERROTERO ARGENTINO. Está muy bien escrito con profusión de detalles y es de una ayuda invalorable. Tampoco dejar de lado una guía de aves, en lo posible la de aves marinas. También es interesante tener a mano un libro de mamíferos marinos. Si se desea colaborar con la Fundación de Vida Silvestre o el CADIC de Ushuaia, darse una vuelta y llevar las planillas de avistajes de ballenas y la forma de identificarlas. Además de ser entretenido por lo menos uno hace un viaje importante no tan al pepe. Las cartas utilizadas fueron: (si en el momento de encargarlas cambian, van a entregar su reemplazo moderno; no dicen un simplemente: "están agotadas") del British Hydrographic Office No.3573, 3571, 3202, 3570, 3572, 3213, 3566, 3560, 3200 esta es del Drake también es bueno llevar las argentinas, 1776,3205, 1774, además es importante llevar todas las que corresponden a Tierra del Fuego e isla de los Estados.

Equipos varios y apoyo moral

El tema de la vestimenta era un punto difícil de solucionar. Tomamos el toro por las astas y nos dirigimos a los mejores especialistas en ropa para navegantes de altas latitudes. Así fue que la firma "MUSTO" nos proveyó de todo lo necesario. El resultado, como veremos, fue excelente. Las prendas utilizadas durante dos meses, todos los días, parecían recién sacadas del container. En las bases argentinas se quedaron sorprendidos al verlas. Luego de probarlas se preguntaron cuál sería el motivo por lo cual ellos siguen vistiendo como a mediados de siglo. Pero veremos el tema bajo distintos aspectos a lo largo del presente relato.
También optamos para la misma solución en cuanto a calzado de montaña y hielo. La empresa "Sorell" de Canadá se ocupó del tema. El equipo para escalar montañas, hielo, campamento y esquí de fondo fue preocupación de nuestro montañista: "Gato" Curuchet. Así fue como llenó el barco con clavos, piquetas, grampones, esquíes, sogas, carpas, camperas, pasamontañas y mil cosas m s que en un primer momento daban ganas de tirar todo por la borda.
Fotografía y video: gran incógnita. Así es como decidimos hacer todo por partida doble. Bécquer Casaballe, propietario de la revista Fotomundo, y yo nos encargamos del tema. Muchas cámaras fotográficas que incluyeron dos submarinas y dos equipos de video Súper VHS., además de trípodes, flashes, cargadores de baterías y centenares de rollos fueron subidos a bordo. Por supuesto que a todo esto se le debe sumar los equipos que cada tripulante llevo para sí mismo. Pero sobre el tema volveremos m s adelante.
Uno de los mayores problemas ante travesías de esta índole estaba casi totalmente resuelto. Todos contábamos con el apoyo familiar y de nuestros socios, en cuanto a la parte laboral. Creo que un poco forzados, dado que en todos los casos no era la primera vez, ni tampoco sería la última, que se nos cruzaba por la cabeza salir unos días de paseo. Por otra parte todas las familias participaron, de una u otra forma, del alistamiento del barco. Realmente fue una gran suma de fuerzas y a medida que se acercaba la fecha esta era mayor.
También contamos con el apoyo del Gobierno Provincial que por intermedio del In.Fue.Tur. (Instituto Fueguino de Turismo) nos suministraron los fondos para combustible y alimentos. Tanto la Municipalidad de Ushuaia, como legisladores, artistas y maquetistas se involucraron en el viaje proveyéndonos de elementos para entregar en las bases. Así fue como un pesadísimo juego de ajedrez esculpido en mármol iba para la base Esperanza; un faro alegórico al del Fin del Mundo, a la base Jubany; plaquetas para las otras bases argentinas; banderas de la expedición, para cada punto que tocáramos; información turística de la Provincia para ser entregadas a las bases extranjeras; a eso se le debe sumar platos de la gobernación, maquetas de canoas de corteza, libros, revistas, mapas, souvenirs varios (remeras, buzos, gorros de World's End) y un largo etcétera. Por momentos sentía lo que deben haber sentido aquellos capitanes de la "era de los descubrimientos", cuando cargaban las naves con obsequios para los posibles encuentros con culturas distintas. Fue desconcertante ver como una pequeña atención puede dejar descolocado al jefe de base más estricto y descortés (base Frei).

Los últimos preparativos; por fin zarpamos

Agua potable llevamos la necesaria para el cruce del Drake. En Tierra del Fuego y en la Antartida este no es un problema. Hay agua por todas partes. A veces solo se necesita acercar el barco a la orilla para llenar los tanques con un embudo y una manguera.
Los enlatados fueron a la sentina de proa y cerca del palo, tanto el freezer como la heladera salieron repletos de carne y pollos. Los artículos de almacén se ubicaron por sobre los tanques de agua y combustible para que no sean alcanzados por la humedad. Estos incluían desde postres instantáneos a fideos, polenta, puré de papas y cuanta cosa se puede encontrar en un supermercado. Levadura y harina se llevó en cantidad suficiente para elaborar pan cada 3 días. Gracias a la habilidad de "Gato" esto sucedió una sola vez en 56 días de viaje, cuando 3 pancitos aparecieron en la mesa.
Fiambres fueron cargados en cantidades abismales, as¡ y todo no fueron suficientes y en las bases nos proveyeron todo el resto que necesitamos.
Un gran error fue en el cálculo de las bebidas alcohólicas. Con un "Yo no tomo" 3 tripulantes se borraron de la lista. Pero cual fue la sorpresa al ver como Bécquer, Marcos e incluso Daniel (solo cerveza) fueron reincorporándose a la lista de bebedores. Nuevamente todas las bases, incluidas China, Korea, Inglaterra y salvo Chile y Rusia (en esta última tomaban alcohol puro) contribuyeron a que no pasemos penuria.
Marcos Olivadey, de Puerto Deseado, con su experiencia en comida de supervivencia se ocupó de las raciones de quacker, vitina, sopas Campbell, nestum, chocolate y demás comidas rápidas y nutritivas.
Lo último en ser subido a bordo fueron las frutas y verduras. Estas incluían desde kiwi, a repollo, ajo, bananas, melones, tomates, manzanas, naranjas y a cuanta cosa viéramos que podía conservarse por mucho tiempo y viniese en cajones. Cargamos tanto que en las bases íbamos repartiendo frutas frescas y algunas verduras.
Además de los 1.200 litros de Gas Oil en los tanques estructurales, Jorge Trabuchi se encargó de llevar 8 bidones con Gas Oil filtrado estibados cerca del palo por si había algún inconveniente.

Ushuaia, 11 de enero de 1994

Zarpamos solo un día después de lo planeado. Esto se motivó en que Jorge olvidó el cumpleaños de Sandra, su esposa. No sabemos si la "bruja" (o cebra) se puso las tiras, pero el resultado fue que partimos al día siguiente. A las 0910 del día 11 zarpamos desde el muelle del Club Náutico Ushuaia. Al timón estaban Don José Estabillo, Gobernador de Tierra del Fuego, y Don Carlos Berisso, Almirante de la Base Naval; le hacía compañía Jorge Trabuchi, capitán del Callas. Desde el muelle nos saludaban amigos, familiares y simples curiosos, todos entremezclados con Ministros, Secretarios, legisladores, artistas, científicos, militares, custodios, periodistas de diarios y camarógrafos de la televisión, con los cuales nos filmábamos mutuamente. La situación resultó ser entre emotiva y divertida a esencialmente caótica. Se podía llegar a abrazar a un Ministro, darle la mano a un camarógrafo o besar alguna chica bonita que vaya a saber uno de donde salió. El viaje prometía, no vaya a ser que saliéramos como unos simples navegantes que van a dar una vuelta. Lo lindo de esto es que no pone nervioso a nadie. En especial cuando decidimos largar amarras y comprobamos que con toda la carga e invitados que teníamos estábamos varados. Una potente marcha atrás resolvió el problema y gracias al gomon del "Biri Biri" no estropeamos el barco, lo usamos como gigantesca defensa.

El Canal Beagle

A las 0930 la lancha r pida "Concepción del Uruguay" recogió a los invitados y con una formación de honor se despidieron tocando la sirena. A partir de ese momento dejamos que aparezcan en cubierta a Regina y Pato, de Yugoslavia, que llevábamos hacia Puerto Williams, Isla Navarino (Chile). No faltaron algunos "piolas", como Machado que al espiar adentro preguntaban que hacían esos invitados. Por suerte el Beagle nos trató muy bien y en una suave navegación arribamos a Williams a las 1600. Con el Yankee y la mayor el suave movimiento nos permitió terminar con la estiba y dormir la siesta. Al arribar a la bahía nos cruzamos con el "Ksar" y el "Pellagic" que iban hacia el Cabo de Hornos y con el "Croix St.Paul" que cruzaría con nosotros el Drake. Nos abarloamos al transporte "Milcavi" que, hundido, hace las veces de muelle y sede del "Club de Yates". Allí hicimos los papeles de ingreso y avisamos nuestra intención de zarpar inmediatamente hacia el Cabo de Hornos para esperar allí algún parte meteorológico que nos diera aliento para largarnos a cruzar el Drake. Acto seguido se impuso una fuerte compra de vino chileno a precios ridículos sin que falte una buena provista de Pisco y ají chileno. A las 22 y 30, después de cenar continuamos viaje hacia el Cabo. El pronóstico era bueno as¡ es que la decisión fue aprovechar todo momento de buen tiempo. En general por las noches no se suele navegar pero con radar y experiencia en el lugar no había mayores problemas. As¡ fue como Daniel Kuntschik, que hasta un mes antes de comenzar el viaje era capitán del Guarda costa, tomó el timón y le dejamos hacer la navegación de esa zona que conoce tan bien. Este viaje ya le había costado bastante. Después de pedir licencia para poder navegar hasta la Antartida, que le fue denegada y luego de pedir permiso para poder participar de este evento deportivo, que también le fue denegado, pidió la baja. Así es como los grandes pensadores de la "superioridad" valoran a la gente que tienen y formaron. Ahora opera, en forma privada, la lancha de prácticos que ganó la licitación en el Canal Beagle. Es una tranquilidad pensar que no todas las fuerzas de seguridad tienen esa misma lógica del razonamiento. Sino estaríamos en la más completa inseguridad.

Bahía Nassaw y Caleta Lennox.

Durante toda la noche navegamos por un canal Beagle por demás concurrido. Buques de carga y de pasajeros, se cruzaban con la lancha de prácticos, rompehielos con rumbo a la Antártida, buques de guerra y lanchas pesqueras. De un viento de 14 nudos pasamos a los 35 en Bahía Nassau. A las 5,30' decidimos pegar la vuelta y fondear en caleta Lennox ( isla homónima). Como lo hicimos en la caleta de al lado fuimos llamados por VHF, desde el puesto de chileno de Lennox, avisándonos que allí no podíamos fondear. A las 10,30', ante el cambio de las condiciones meteorológicas, levamos ancla y salimos hacia el Cabo de Hornos. El viento había bajado a 10/15 nudos y rotado del S.W. al N.W.. No bien salimos vimos como el "Ksar" fondeaba correctamente en Caleta Lennox y al rato escuchamos como una lancha de la Armada de Chile interrogaba a Jean Paul sobre que estaba haciendo en el lugar. Evidentemente esta lancha estaba dirigida hacia nosotros. Ambos veleros de 2 palos y con casco blanco se prestan a ciertas confusiones, pero lo insólito era ver como estos militares siguen hostigando todo lo que pueden en el último baluarte que les queda. Del resto de Chile, la Democracia fue apartándolos. La sensación de hastío que sentíamos era tremenda. Lo único que deseábamos era llegar al "mítico" Cabo de Hornos. Por suerte unos delfines cruzados decidieron acompañarnos hasta Caleta Martial donde fondeamos. Con ellos como compañía y los gigantescos Albatros del Cabo pasamos el resto de la tarde. Ya estábamos en la puerta del Drake.